lunes, 8 de mayo de 2017


La ciberseguridad, la peor amenaza para Estados... y empresas




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"Nunca escribas una carta, y nunca destruyas ninguna". La frase se atribuye al cardenal Richelieu, aunque en realidad es apócrifa. Da igual: toda persona con dos dedos de frente debería seguirla. Desde los SMS de Bárcenas hasta los emails del Comité Nacional Demócrata y los de En Marche!, dejar cualquier cosa por escrito es hoy en día jugar con fuego.
Emmanuel Macron presume de ser un experto en Maquiavelo. Si es así, se ha equivocado de pensador. Debería haberse especializado en Sun-Tzu, un general chino (o, tal vez, varios, puesto que hay dudas sobre su historicidad) que vivió hace 2.500 años, y al que se atribuye el libro 'El Arte de la Guerra', un volumen entretenidísimo si se lee en una edición comentada (si no, es absolutamente insoportable).
Maquiavelo vivió en el Renacimiento, cuando nacieron las Monarquías absolutas y, como buen intelectual, nunca logró estar cerca del poder (es más, escribió 'El Príncipe' para intentar 'trepar', pero con poco éxito). A Sun-Tzu, por el contrario, le tocó un periodo en el que en China había varios reinos de fortaleza similar que luchaban por la supremacía.

Su libro, por tanto, es un tratado sobre el arte de la supervivencia, del engaño y de la guerra asimétrica, basado en la tesis de que destruir al enemigo es casi imposible, por lo que hay que llevarlo a que se autodestruya él solo. Por ejemplo, divulgando sus comunicaciones internas. La mejor frase de Sun-Tzu: "El arte de la guerra supremo es someter al enemigo sin lucha". Leyendo esas citas uno no puede dejar de pensar que Mariano Rajoy es un discípulo nato - y tal vez por puro instinto - de Sun-Tzu. Tampoco que, al lado del general chino, Maquiavelo era Caperucita Roja.
'El Arte de la Guerra' es muy popular en las Escuelas de Negocios porque está pensado para un mundo de actores múltiples de fortaleza similar que necesitan grandes cantidades de información para tomar decisiones. Y es que en la Sociedad de la Información, la información es, precisamente, un arma y un campo de batalla. Igual que en el siglo XVIII, cuando vivía Richelieu, se combatía para lograr oro y se pagaban las guerras con oro, parece lógico que ahora se combata con y por información. Y eso nos lleva a la ciberguerra de Macron, el Comité Nacional Demócrata, y hasta el ataque de Corea del Norte contra el estudio de cine propiedad de Sony, en 2014.
La ciberguerra no es solo una amenaza para los Estados o los políticos. El sábado, en su 'concilio' anual ante 40.000 'fieles' de la 'iglesia de Berkshire Hathaway' en Omaha (Nebraska), y ante millones más que lo siguieron en streaming por Internet, el 'Sumo Pontífice' de la Bolsa de los siglos XX y XXI, Warren Buffett para los humanos, así lo dijo: "No sé mucho de 'cíber', pero sí sé que es el problema número uno de la Humanidad".

Buffett, que es por lo menos tan listo como Richelieu o como Sun-Tzu, sabe más de 'cíber' de lo que cuenta. En 2015, Berkshire Hathaway lanzó dos seguros contra ciberataques que, entre otras cosas, protegen contra "la exposición en los medios de comunicación" de información obtenida a través de la entrada en las redes internas de una empresa. Cabe pensar que esos productos estén ganando en aceptación a medida que queda claro que esto es una guerra.
Pero no es menos cierto que, hasta la fecha, las compañías privadas han tendido a ignorar estos riesgos, hasta el punto de que, según la Universidad de Stanford, solo en EEUU hay 200.000 puestos de trabajo vacantes para expertos en ciberseguridad. Y, sin embargo, la amenaza está ahí, aunque no se hable de ella.
Hace apenas dos semanas, toda la quinta temporada de la serie de televisión 'Orange is the new black', producida por Netflix, fue robada por un grupo de hackers llamado 'The Dark Overlord' y que exigió un 'rescate' al gigante del vídeo en 'streaming' a cambio de no colgarla online gratis.
La información es un arma y un campo de batalla. Aunque siempre lo ha sido, al menos desde que quedó claro que "el engaño es el arma de los reyes". Y esa frase sí es, de verdad, de Richelieu.

Opinión:

El artículo nos menciona la importancia de la seguridad en las comunicaciones a lo largo de la historia y como ahora en el siglo xxI , con internet, ha adquirido una importancia tal que las grandes potencias se disputan la supremacía en el arte de sabotear al enemigo con ciberataques cada vez más sofisticados. En el ámbito privado, estamos expuestos indudablemente a que nos roben nuestros datos más íntimos en cualquier momento.

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